Filosofía y Objetivos

El futuro de la humanidad depende del desarrollo de su fuente más importante: los niños. Ellos son hoy los adultos del mañana y -buenos o malos- serán el producto de lo que han aprendido.

El niño comienza su instrucción “desde que nace” y las experiencias adquiridas en sus primeros tres o cuatro años de vida son fundamentales para su futuro. Sin embargo, una vez alcanzada la edad adulta, es corriente creer que la mayor parte de su educación proviene de su etapa escolar.

En términos generales, hay seis factores preponderantes que determinan el crecimiento y desarrollo de un niño:

  1. 1. Factores físicos hereditarios
  2. 2. El hogar
  3. 3. La iglesia
  4. 4. El colegio
  5. 5. El medioambiente.
  6. 6. Los medios audio-visuales.

Nada se puede hacer con respecto a lo primero y muy poco en cuanto a lo segundo y tercero. A nosotros nos preocupa el desarrollo del niño en lo que a su educación escolar se refiere. Más aun, el colegio puede influir en forma gravitante en la calidad de la sociedad que lo rodea y lograr, por ejemplo, que el estudiante sea más selectivo en el uso de los medios.

Creemos que cada niño es un individuo único y valioso y que el proceso de enseñanza-aprendizaje será más efectivo en una atmósfera de respeto, entendimiento y esfuerzo mutuo. El trabajo coordinado de profesores y alumnos en todos los niveles, está dirigido a entregar los medios necesarios para dar solución a los problemas que presenta nuestro complejo mundo contemporáneo, ayudando de esta manera al desarrollo de una vida próspera.

Uno de los hechos más reales que debemos aceptar de nuestro mundo actual, es que vivimos un período de cambios los cuales se suceden cada vez con mayor rapidez. Debido a que a menudo éstos son percibidos como una amenaza para la seguridad del individuo y la sociedad, es importante que nuestra juventud esté preparada para vivir en un futuro incierto; y de él hay una sola cosa de la cual podemos estar seguros: habrá que enfrentar todo tipo de dificultades – personales, familiares, comunitarias, nacionales, mundiales, etc.- que tendrán relación con cada aspecto de la vida sobre la tierra y probablemente también con la vida afuera de ella. Para adquirir la capacidad necesaria para salvar con éxito estos desafíos, los alumnos deben aprender a pensar; esto implica cuestionarse, considerar alternativas, creatividad, evaluación e idoneidad para emitir juicios; así mismo el coraje para tomar decisiones y la consiguiente fortaleza moral para asumir la responsabilidad por las consecuencias que de ellas se desprendan.

El aprendizaje de este proceso no es fácil; es tan común la tendencia generalizada de dejarse arrastrar por prejuicios, supersticiones y opiniones de la gran masa que, mientras los estudiantes sean aún jóvenes, deben tener la oportunidad para aprender a cuestionar, a ser críticos, a reconocer y definir problemas y darles solución en forma creativa. Para motivar este tipo de aprendizaje, debemos aceptar que una buena pregunta tiene mucho más valor que una respuesta correcta; y que una idea propia del alumno tiene mucho más mérito que recitar una frase cliché o hecho memorizados.

Cuando un estudiante aprende a enfrentar todo tipo de situaciones de este modo racional, obtiene la confianza y seguridad que le permitirán tener una vida personal lograda sin perjuicio de los cambios a los cuales se vea expuesto.